18 Nov 2018

REBELDES

REBELDES, reportaje sobre Bocatas realizado por CEU Media

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Nuestros amigos Santi y Ana, que conocimos en el poblado de Valdemingómez hace ya unos añits, decidieron en septiembre de 2016 dejar la droga y la vida de poblao para rehacer sus vidas. Desde entonces les hemos visto un par de veces, y están gracias a Dios muy bien, contentos en el centro de rehabilitación y con ganas de cambiar de vida y darse una segunda oportunidad. Ahí van unas fotits…

Jaime y Cabello con el Santi en el poblao

Jaime Cabello y Santi

Cabello y Lucía con Santi en El Rastro
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Cabello y Lucía con Santi y Ana

Santi y Ana

Cabello y Jaime con Santi y Ana en Ambite

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Carta de nuestro amigo Miguel, ex-drogodependiente, desde el talego cuando estuvo un año preso en Soto del Real después de habernos conocido. No tiene desperdicio…

Y aquí, un par de años después, contando su vida en la Universidad Carlos III de Madrid… Guapament…

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“Cristo y lo divino es cien veces más potente y atractivo que la droga”, afirman los jóvenes de «Bocatas»

El poblado de Valdemingómez, en la Cañada Real Galiana, se ha convertido en el mayor «supermercado» de la droga en Europa

No fue el papa Bergoglio quien les despertó la inquietud social, fue un hombre de su fuste: “un sacerdote muy sensible a los pobres”, reconocen Jesús de Alba, “Chules”, e Ignacio Rodríguez, “Nachito”, dos de los promotores de esta iniciativa que empezó llevando “bocatas” a los sin techo en los pasadizos de la Castellana y ahora se desplazan hasta el “supermercado” de la droga de Madrid, La Cañada Real, donde algunos han visto cadáveres devorados por ratas.

Ambos critican la legalización de estupefacientes en Paraguay, y nos cuentan este largo recorrido de sorpresas, miedos, amistad y Gracia, “porque sin la posibilidad de encontrarse con lo divino, el hombre se queda con la impresión de este mundo como decía Shakespeare: ´Una fábula contada por un idiota”.

– ¿Cómo y por qué nació Bocatas?

Nació no como un proyecto, sino casi por casualidad al llegar un sacerdote muy sensible a los más pobres a nuestra parroquia, quien empezó a llevarles bocadillos. Cuando se fue, después de dos años, empezamos los viernes tres amigos a hacer lo mismo por una zona de Madrid. Viéndolo ahora es seguro que Dios nos bendijo e hizo florecer una obra cristiana de la nada.

Llevamos 18 años yendo todos los viernes por la tarde-noche y ha sido la gran riqueza para nuestro grupo de amigos. Hemos conocido a cientos de personas, sin contar con nuestros grandes amigos salidos del submundo de la pobreza de Madrid. Nuestra vida se ha enriquecido por 10 con esta obra. Por eso, invitamos a todos a que se unan.

– Lleváis 18 años cuando lo normal es que fenezcan estas iniciativas en un par, como mucho ¿Cuál es vuestro secreto para ser tan perennes, máxime cuando sois todos voluntarios?

No deja de sorprendernos la frescura que sigue teniendo Bocatas. El atractivo que sigue suscitando entre tanta gente. Sin duda esa frescura viene de haber mantenido y seguido el mismo método del origen: la sorpresa de una respuesta al deseo de felicidad del hombre que existe históricamente, carnalmente, en la Iglesia. Dios llega hasta los últimos rincones de la Tierra gracias a aquellos que le aman. Jamás hemos dejado de confiar en ese misterioso origen fuente de la vida y la alegría.

El problema de este tipo de obras es cuando el acento pasa de esta sorpresa del encuentro con lo divino a una organización. Al principio parece que se es más incidente y más resolutivo en la realidad, pero pronto se muestra la fatiga y el cansancio fruto de la profunda estructura del corazón del hombre, que está hecho para algo divino y no para un proyecto humano propio.

– ¿Por qué dirigir vuestra actividad a drogodependientes?

Por pura casualidad. Estábamos en una zona de la ciudad de Madrid con todo tipo de gente sin techo. Un buen día se disgregaron todos tras cerrar el Ayuntamiento un paso subterráneo. Uno de nosotros vio en la TV que existía el poblado marginal de las Barranquillas a las afueras de Madrid, el gran supermercado de la droga, y fuimos un viernes a investigar. Íbamos como Ulises y los suyos en busca de las columnas de Hércules. Curiosos y con más miedo que vergüenza, pero ciertos de la oportunidad que se podía dar.

Cuando llegamos allí, estábamos callados y con miedo viendo con pena el enorme espectáculo de la cola de hombrecillos destrozados andando a toda prisa a por su dosis. Nos pusimos a las afueras del poblado. Alguien de nosotros preguntó: “Qué hacemos ahora” y le dije: “dame un bocadillo”. Y se lo dimos a un drogadicto que pasaba por ahí. Rápidamente corrió la voz y así hasta el día de hoy (actualmente, se va a La Cañada Real).

Los drogadictos son los marginados de los marginados, la escoria de la sociedad

– A pesar de no erigir comunidad terapéutica alguna, actualmente, algunos de los adictos están en periodo de desintoxicación y van con vosotros diariamente, ¿les exigís algún tipo de normas que cumplir?

Ninguno de nosotros trabaja como experto del mundo de la droga, sólo hemos tomado en serio la hipótesis cristiana: Cristo respuesta al deseo de felicidad del hombre presente también hoy día a través de aquellos que le aman, de su Iglesia. Haber vivido esto sencillamente, sin pretensión ninguna sobre los drogadictos, mostrándoles la amistad que nosotros hemos encontrado, uno de los regalos más grandes de nuestra vida.

Además, no son tontos y su corazón es estructuralmente el mismo que el nuestro y necesitan las mismas respuestas que nosotros. Ahora nos acompañan seis y vemos estos frutos por gracia de Dios. Nuestra sorpresa es ver que Cristo y lo divino es 100 veces más potente y atractivo que la droga. Es fuerte decirlo, pero es lo que ven nuestros ojos.

La única norma, como en el Evangelio, es la amistad. Cristo eligió amigos para manifestarse al mundo, salvando toda su libertad, permitiéndoles ir haciendo un camino y cumplir su vida.Cualquier otra pretensión o proyecto es violencia sobre el hombre y lo reduce, bien a un pobrecillo incapaz al que hay que decirle lo que debe o no hacer, bien abandonándolo a su propia suerte al no ser capaz de insertarse en un proyecto global como la sociedad de nuestros días.

– En vuestro trato con ellos ¿en qué áreas de su psicología no ha hecho mella la droga?

El gran recurso del hombre es su estructura, cómo está hecho. Lo que la tradición del antiguo Testamento, de los padres de la Iglesia y de la tradición cristiana: el corazón. En el se contiene, por el mero hecho de ser hombre, el gran deseo de felicidad y cumplimiento de la vida. Incluso en el peor de los infiernos, siempre salta el deseo de algo más grande que satisfaga. Darse cuenta de este deseo es ya la antesala del encuentro con Cristo, mendigo del corazón del hombre.

– En este tiempo ¿qué habéis aprendido vosotros de ellos?

Que para ser cristiano, reconocer a Cristo y seguirlo no se requiere ninguna condición previa. Sólo por el hecho de ser hombre, cada célula y átomo de nuestro cuerpo tienen esa sed y deseo del Todo. Dios actúa y se sirve de nuestra carne, de nuestra amistad (comunión) para manifestarse también en medio del infierno que es un poblado marginal de venta de droga. Una de las cosas más espectaculares ha sido ver cómo se nos acercan agradecidos drogadictos cuando rezamos con ellos el Ángelus, y reconocen que ellos también tienen esa necesidad de Infinito, que es mil veces más potente que la droga.

– Recientemente se legalizó el uso de drogas en Paraguay ¿estáis de acuerdo con su legalización y consumo?

No estamos de acuerdo, ni siquiera para el cannabis. Tenemos tantos amigos que han sufrido mucho por estas sustancias, que les han esclavizado hasta límites que no podemos imaginar, que no podemos estar de acuerdo en fomentar su cultivo y consumo. Más bien estamos a favor de legalizar y fomentar la libertad religiosa en todo el mundo, vértice del resto de libertades y derechos del hombre, porque sin la posibilidad de encontrarse con lo divino, el hombre se queda con la impresión de este mundo como decía Shakespeare: “Una fábula contada por un idiota”.

– ¿Os sentís identificados con las palabras del papa Francisco de ir a buscar a las personas a “las periferias existenciales”?

Estamos agradecidísimos a este Papa Francisco. Sin duda, hay muchos agujeros negros de marginación y violencia, y uno de ellos es el poblado marginal de venta de drogas en Madrid. Aquí la realidad supera a la ficción: tengo amigos que han visto cadáveres devorados por las ratas. ¿Se imagina alguien que Dios llegue carnalmente a un lugar así? Y sucede. Me conmueve a mí sólo de pensarlo.

– El papa Francisco ha puesto el centro de su pontificado en Cristo y en la imagen de Dios, el hombre. Vosotros hace tiempo vais en esa línea. ¿Qué opináis de su ministerio tan implicado con el hombre sufriente en todas sus variables?

Es increíble la sencillez y objetividad del método que Dios eligió para hacerse presente y reconocible al hombre de todos los tiempos. Una amistad, una comunión vivida entre aquellos que ya le pertenecen y le aman. La figura del Papa asegura por el mero hecho de existir que esta presencia sea eficaz y la misma en todo el mundo: sin la Iglesia no podría haber esperanza en este mundo. Y no es un slogan.

Fuente: Aleteia
Enrique Chuvieco
14 de agosto de 2013
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Hace casi veinte años, unos jóvenes de la parroquia de San Jorge comenzaron a reunirse en los bajos de Azca, cerca del estadio Santiago Bernabéu, con el fin de repartir bocadillos a personas sin hogar, sobre todo a drogodependientes. Más tarde empezaron a acudir al poblado de Las Barranquillas y actualmente a la Cañada Real de Valdemingómez. Un voluntariado que sale al encuentro, como nos pide Monseñor Osoro, de los excluidos en poblados marginales. Este viernes, como es habitual, van a hacer también esta labor. Hablamos con el presidente de esta asociación, Bocatas, Jesús de Alba.

Veinte años ya, y tú desde el principio, saliendo a esas periferias sociales.

anteiguaSí, la verdad es que son veinte años y a mí si me lo contaran me quedaría sorprendido, pero somos un grupo de amigos que lo hace encantado, con la frescura del primer día y la positividad de saber que la vida va de esto, de ayudar a los demás, de dar un poco de tiempo, de dejar que entre el elemento de la gratuidad en las relaciones, eso es lo que puede hacer que vivamos en una sociedad mejor.

Tenéis un lema, «Pasión por el hombre», que tiene un significado muy especial para vosotros.

Efectivamente. No solo aprendemos cómo ayudar a los más necesitados de nuestra sociedad, a los pobres y drogodependientes, sino que también -y muy especialmente en la relación con ellos- uno se da cuenta de qué es lo esencial en el hombre, qué es lo que más necesita, lo que más desea. Y esto nos lo ha enseñado también Bocatas y esta caritativa durante estos veinte años. Eso hace que uno aprenda luego a relacionarse y a tener esta pasión por el hombre no solo en la caritativa sino en todos los ámbitos, en el trabajo, en la familia, en las relaciones.

¿Cuántos voluntarios sois y cómo es la dinámica habitual de los viernes?

Siempre hemos sido un grupo estable de unas 50-60 personas y yo siempre digo que como grupo de amigos, una de las mayores sorpresas que nos ha dado la vida es estos veinte años de Bocatas, porque nos han permitido conocer a centenares de personas. Es un sitio totalmente abierto donde puede venir gente de todo tipo, desde alumnos de amigos nuestros que son profesores o gente mayor. Hemos conocido grupos de amigos, amigos de amigos, etcétera. Como es cien por cien libre estar con nosotros, tanto ir como no ir, para nosotros como grupo de amigos ha sido la mayor riqueza que se nos ha dado. Lo que hacemos es empezar en una parroquia que está al oeste de Madrid, la parroquia de Santo Tomás. Solemos quedar en misa de ocho y luego salimos todos juntos hacia el poblado marginal. Allí hacemos un poco de comida, calentamos pasta, con lo que nos da el Banco de Alimentos, y repartimos la comida que tenemos.

Este es el gesto de origen, repartir comida, pero de ahí nace una cosa mucho más profunda, una relación con estas personas. Incluso algunos ex drogodependientes siguen con Bocatas como voluntarios.

Anibal y Pepe

Aníbal, bocatero, y Pepe, drogadicto

Esas personas son lo que nosotros llamamos la joya de la corona de Bocatas. Son los que están luchando como jabatos por salir de un mundo que es de lo más duro que hay. Estos amigos nuestros hacen un esfuerzo realmente increíble, ingente, y nosotros estamos encantados de poder estar con ellos, de poder acompañarlos.

También habrá muchos que cuando llegáis ya os estén esperando. Muchos que habrán tocado fondo y que os esperan como los que les lleváis un poco de esperanza los viernes por la tarde.

Así es. El objetivo principal es tapar un pequeño agujero que hay en el mundo de la lucha contra la droga, que es siempre la relación personal con esta gente. Hay muchos medios, muchas casas de recuperación, muchos sitios, muchas clínicas, pero lo que no tenemos tan claro es que haya gente dispuesta a ofrecer una relación, una amistad. Queremos tapar en cierto modo este agujero que ellos tienen en su corazón.

Monseñor Osoro apoya vuestra labor porque coincide con ese ímpetu suyo por salir a las periferias.

Nosotros estamos felices con este obispo y este Papa que tenemos porque han entendido perfectamente que mucho de la Iglesia y del cristianismo se juega en las periferias de este mundo, y desde luego Valdemingómez es una de ellas porque es un sitio escondido de todos y de todo, y casi nadie trabaja allí. Y luego uno obtiene un retorno en su vida que es mucho más grande de lo que podemos dar.

¿Vais a celebrar de alguna forma especial estos veinte años?

Sin duda haremos una buena fiesta y unas camisetas para celebrar este evento, porque es algo que no sucede todos los días y es por pura gracia de Dios. Jamás hubiéramos pensado en esto ni como un proyecto ni como una voluntad propia continuar tantos años con esta actividad.

Fuente: Huellas
Mario Alcudia
13/10/2015 – Entrevista emitida en COPE

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18 Sep 2016

Antonio Vega

Durante una semana de vacaciones con gente que participa de Bocatas, tres de nosotros quisimos hacer un acto sobre Antonio Vega, explicando su vida y recorrido y el contenido de sus canciones. Ahí va el contenido del acto. Esperamos que os guste.

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1. Introducción

Antonio Vega fue un gran cantautor y poeta que a través de sus canciones expresa lo que pocos músicos han logrado expresar. Cantó al amor y al desamor, a la alegría y a la tristeza, a la luna y a las estrellas, al océano y al sol, a ángeles y a gigantes, al chaval y al anciano, a la mujer y al caballo, a sus padres y a sus amigos, al ser mundano y al poder divino, a sus héroes y heroínas, a sus miedos y a sus pasiones, a los sueños y a las pesadillas, a los demás y a sí mismo, a la luz y a la noche oscura, a la quietud y a la locura, al infinito y a la nostalgia, a sus más profundos deseos y a la impotencia que todos hemos sentido alguna vez ante nuestro abismo interior. Cantó, en definitiva, a ese grito que nacía de lo más hondo de su ser, esas notas únicas e irrepetibles que, como un pedal de bajo en ostinato, sonaban de manera constante en su corazón. Y así, cantando a su corazón, llegó al corazón de muchos de nosotros, tocando y haciendo vibrar esas cuerdas recónditas que desatan en nuestro interior un mar infinito de emociones.

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Lucha de gigantes expresa la lucha interna que Antonio y todos nosotros podemos tener en tantos momentos de nuestras vidas, esa sensación de fragilidad a la hora de enfrentarnos a ciertas situaciones o de buscar nuestro sitio en un mundo tan grande.

«Lucha de gigantes, convierte el aire en gas natural», es decir, la lucha contra nuestros propios gigantes interiores que tenemos todos, convierte el aire (aquello que necesitamos para vivir y que está presente en todas partes) en gas natural (un gas que no podemos respirar, que nos asfixiaría); es decir, esas luchas internas que tenemos convierten el aire, la vida, en algo que nos asfixia y nos genera angustia. Es esa sensación de sentir que te ahogas en mitad de las olas de un mar ajetreado. «En un mundo descomunal siento mi fragilidad». Es tan fácil verse pequeño y solo frente a la enormidad del mundo que puedes acabar sintiendo enemigos invisibles y «fantasmas terribles» por todos lados hasta el punto de “no saber contra quién vas” o si vas sólo o si hay alguien más a tu lado. «Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz». Antonio siente miedo porque no tiene la certeza de que en esa enormidad que él percibe exista alguien que siempre, todos los días de su vida, vaya a escuchar su voz. Le provoca pánico la soledad.

Es, por así decirlo, la “lucha entre dos gigantes” que todos llevamos dentro: uno que siente miedo de su abismo interior y de la enormidad del mundo y que prefiere que todo sea mentira, «un sueño tonto y no más», y otro gigante que consigue vencer esos miedos y que prefiere desearlo todo. Este gigante, el que lo desea todo, en la última frase de la canción le dice al otro gigante: «deja que pasemos sin miedo». Es Antonio hablando a través de estos gigantes que lleva dentro: por un lado expresa ese miedo que puede sentir en tantas ocasiones y por otro lado el deseo de librarse de ese vértigo para poder “pasar sin miedo”.

2. Los años de la Movida y Nacha Pop

Antonio se introduce en la música durante la adolescencia, cuando aprende a tocar la guitarra imitando a sus hermanos y cuando empieza a juntarse con diferentes amigos para versionear las canciones del momento. Acabado el Liceo Francés se matriculó en un par de carreras universitarias, pero la realidad es que se pasaba todo el tiempo tocando la guitarra y dejó los estudios. Al volver de la mili –donde había compuesto la famosísima Chica de ayer– entró en el grupo de su primo Nacho. Empezaba así su carrera musical con Nacha Pop, uno de los grupos pop-rock más representativos de la Movida Madrileña de los 80. Nacha Pop se mantiene en lo alto de la ola hasta su disolución en 1988, la cual se debió a un cúmulo de razones de entre las que debemos destacar la adicción de Antonio a las drogas y, sobre todo, las crecientes diferencias entre Antonio y su primo Nacho García Vega.

La juventud de finales de los 70 protagonizó, con la llegada de la democracia y las libertades, una revolución cultural que tuvo su principal reflejo en la música pop, rock y punk. Madrid empezó a vivir de noche, los garitos se llenaban y aparecían grupos de debajo de las piedras. Y el ansia por ampliar horizontes y acumular experiencias llevó a muchos jóvenes que quisieron vivir de manera diferente a sus padres a probar las drogas, que pronto se popularizaron. Y Antonio no fue un caso aparte. Había conocido la heroína a los 22 añitos con unos amigos y con su novia Teresa, con la que se casaría a los 29. Para él el descubrimiento de la heroína fue algo asombroso, un sinfín de experiencias y un torrente de sensaciones nuevas.

Ahora vamos a escuchar Se dejaba llevar por ti. «La letra trata de la heroína, pero no deja de ser una canción de amor. Una canción de ataduras como dice él, pero también una historia de seres humanos. Una generación entera en algún momento se enamoró cruelmente de ella. La gran mayoría no salió indemne de esa relación como tampoco se sale de las relaciones sentimentales».

3. No se irá mañana

antonio_vega-no_me_ire_manana-frontalAcaba Nacha Pop, Nacho García Vega monta un grupo con Carlos Brookling, y Antonio se queda apartado del mundo de la música, se encierra en sí mismo y empieza a no salir ni dejarse ver, no salía de casa más que para pillar. Está así tres o cuatro años, sin hacer música, y mucha gente empieza a darle por muerto. Se habla de “ese chico triste y solitario” que una vez muerto Nacha Pop ha caído en el anonimato y la inactividad; casi que le ponen fecha de caducidad. Entonces, en 1991 Antonio saca su primer disco en solitario No me iré mañana, una forma de llamar la atención a todos esos que le daban por acabado, para decir “eh, que sigo aquí y no me iré mañana, que voy a seguir aquí muchos años haciendo música”.

Ahora vamos a escuchar Esperando nada, un tema que «relata el estado de ingravidez que atravesé sin hacer música» y que describe la incertidumbre de la espera permanente, esa melancolía de asumir que la mayoría de las veces no hay nada por lo que valga la pena esperar.

En el estribillo de Tesoros dice: «Suena un despertador, y el da la vida, sin ser Dios, por una antigua vocación». Está hablando de su padre, que era médico y todas las mañanas se levantaba como muy temprano para ir a su consulta.

4. Raíces familiares

familia-collage3Nos sorprende cómo Antonio, a pesar de su adicción a las drogas –los que conocemos del poblado cortan totalmente la relación con su familia, pensemos en Sandokan, que se reencontró con su familia hace un par de años– y vagando de un sitio a otro, siempre mantuvo un fuerte vínculo con su familia, tanto con sus cinco hermanos –dos de los cuales fallecieron antes que él–, especialmente con Carlos, que en los momentos más duros de su adicción le cuidó mucho, como con sus padres, a los que siempre quiso muchísimo.

«De ellos aprendí a hablar, necesité entonces escribir; de ellos aprendía a escribir, necesité entonces cantar; de ellos aprendí a cantar, entonces necesité cantarles a ellos». Antonio les dedica esta canción, Hablando de ellos. La letra no tiene desperdicio: «Hallé en los dos a los guías de mi emoción desbocada».

5. El deseo en la figura de Antonio

Una de las cosas que más nos mola de Antonio es el deseo tan grande que tiene. Nada le basta, pero al mismo tiempo se maravilla con todas las cosas, el universo, las estrellas, el océano, las montañas. Está siempre de aquí para allá, cuando no está tocando la guitarra está construyendo maquetas de trenes o desmontando baterías de coche. Era un culo inquieto; de hecho lo que hacía era dormir 15 minutos cada 4 horas de trabajo, no tenía ningún orden de vida. Nácho Béjar, guitarrista de la banda, cuenta que en una ocasión Antonio le dijo «¿Sabes qué pasa Nacho? Que a veces el mundo se me queda pequeño; con lo grande que es y este planeta se me queda muy pequeño».

Cuando le preguntan cómo nacen las canciones, responde que nacen de él pero sin que él lo decida, no es algo que se proponga hacer, sino que es como una fuerza exterior, algo fuera de él que pasa a través de él y entonces nacen las canciones. No es que él se proponga hacer canciones por hacer canciones, sino que le salen solas. Tiene un don y se pone al servicio de los demás.

Está siempre disponible a los demás y es un tío generoso, si alguno de sus amigos necesita algo o si se le ocurre que algo puede hacerles ilusión, se lo compra y se lo regala. “Oye Antonio, qué guapas tus zapas”, y al día siguiente se las había dado.

Es un tío sencillo que no se hace problemas de las cosas. Cuando tiene que formar una banda en el 91, llega Nacho Béjar y le dice “me gustaría tocar contigo, ¿me haces una prueba” y le dice “no necesito hacerte una prueba, estás dentro”. Y lo mismo con Basilio, se le acerca y le dice “oye Antonio, he oído que necesitas un teclista, yo podría…” y ya estaba Antonio diciéndole a su manager “eh, coge los datos del chaval que entra en la banda”.

Hay una cita de Antonio que nos llama mucho la atención, en la que habla de su don para la música como parte de la vocación:

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«Yo pienso que cada uno tenemos algo y que en algunos se nos manifiesta de una manera y en otros de otra, pero todos tenemos algo, o algunos lo descubrimos y otros no. Algunos tenemos la suerte de dar con aquello que nos emociona, con aquello que nos gusta hacer, con aquello a lo que queremos entregar nuestra vida y que es nuestra garantía de futuro, que en definitiva es algo que llamamos vocación, o algo que llamamos aptitudes innatas».

En otra ocasión dice lo siguiente:

Ahora vamos a escuchar otra canción de Antonio que expresa muy bien esta posición de apertura y disposición en la vida, de querer vivirla: «Y por esto vivo el día, día simple, día claro, vivo al menos sin temores, sin el miedo de gozar».

6. «¿Cuántas veces te has enamorado? De forma apasionada dos»

antonio_y_teresaUno de los puntos importantes en la vida de todo hombre son las mujeres, y Antonio tuvo dos: Teresa y Marga. Cuando le preguntaron cuántas veces se había enamorado respondió: «De forma apasionada, dos. Con Marga fue más enfermizo. Con Teresa no fue tan explosivo, fue muy ardiente y muy profundo, pero no fue tan explosivo. Lo de Marga fue taquicárdico, abrasador».

A Teresa la conoció de joven, pues ambos vivían en La Piovera. A los 21 empezaron a salir, y estuvieron de novios hasta los 29, cuando se casaron. A ella le dedicó canciones como Elixir de juventud, así como los siguientes versos:

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«…me considero afortunado / la vida me ha dado unas manos / unos ojos, un corazón, un cerebro / con aquellas reconozco tu piel / con esos dos venero y admiro tu figura / el corazón es como el cofre donde te guardo / con el último, estoy seguro de que no vivo la ficción sino el sueño de encontrarte. Para siempre». Antonio

Su relación estuvo desde el principio traspasada por la heroína: «Del elixir de juventud bebimos juntos prometiéndonos la vida». Intentaron quitarse juntos muchas veces, pero nunca funcionó, hasta que finalmente Teresa, tras 18 años conviviendo juntos, vio claro que si quería dejar el caballo tenía que dejar también a Antonio, y así fue: le dejó por supervivencia.

Al irse Teresa en 1996 Antonio empezó a tener una relación más estrecha con Marga, que por aquel entonces trabajaba en la compañía discográfica de Antonio. Y sin darse cuenta, lo que había entre ellos se transformó en una historia de amor donde los dos se entregaron inmediata e incondicionalmente. Marga fue un torbellino que llenó a Antonio de esperanza:

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«En un tiempo sin fe y carne herida / llenaste mi espera de esperanza / y fue tu caridad certera lanza / transfundiendo mi piel desvanecida. // En la noche doliente de mi huida / acallaste mi mal en tu bonanza / y cierta fue la val de tu templanza / con mi pena cierta y presentida. // Vaciando de besos tu alcancía / llenaste mis alforjas de consuelo / sorbiendo la hiel de mi tristura. // Cuando cese la cruz de mi ordalía / ¿dónde voy a guardar tanto desvelo / tanta prueba de amor, tanta ternura?»

Antonio le escribe esta canción, Seda y hierro, que se refiere a su fuerza, a su intensidad, a su entrega y disposición. Acaba diciendo: «Quisiera que mi mano fuera la mano que talló tu pecho blando en material tan duro». Está reconociendo la genialidad del que ha creado a Marga; de hecho él quisiera ser ese, porque reconoce una perfección en ella. Por primera vez, la perfección que encontraba en el Universo, aparece cercana, encarnada.

6. 3000 Noches con Marga

En febrero de 2004 Marga fallece de una parálisis cerebral y Antonio entra en depresión:

«Cuando murió  Margarita me vine abajo de tal manera que yo me quería hundir, estaba absolutamente desesperado, desesperado, desesperado, no hay palabras para entenderlo, no hay palabra humana que pueda ni acercarse al estado en que yo me hallaba. Absolutamente perdido, con un dolor horroroso, horrible, no había día, y hasta hace muy poco, no hay día que no rompiera a llorar desesperadamente por su recuerdo, desesperadamente».

Su fiel amigo Basilio le propuso trabajar en un nuevo disco dedicado a Marga, y esto es lo que le sacó del bache:

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«Hacia finales del mes de Junio del año 2004, y después de pasar por el peor momento de mi vida, sin duda, comenzó la aventura de este ‘3000 noches con Marga’.

Con vehemencia enfermiza, me sumergí en una dedicación incesante a mi trabajo. Escribí, arreglé y di forma, una a una, a los temas que componen esta obra en un momento en el que, como hoy, mi corazón se hallaba desbordado por el dolor. Todo giraba en torno a la figura de Margarita del Río Reyes, la mujer que me lo dio todo por nada y a la que he consagrado mi vida entera. Lo que me quede de ella».

«Realmente ella me dejó absolutamente lleno de amor, me dejó un corazón limpio y los mecanismos del amor activos y yo tengo la sensación de estar completamente enamorado de ella y estoy en la situación que tiene alguien de estar enamorado de alguien, aunque ella no está, pero yo estoy enamorado de ella. De alguna manera es una forma de estar permanentemente conmigo, porque se fue y me dejó lleno, me dejó el suficiente amor para seguir amándola toda la vida».

«Me ahogo en la congoja de tu recuerdo ausente
De mi garganta anudada, mi soledad temprana
Cansado de caminos que no conducen a nada
¿Hasta dónde llega la vida?
¿De dónde viene la muerte?
Todos los días he llorado tu marcha
Y lo he hecho solo
Y solo grito tu nombre
Empeñado en pronunciarlo
Y hacer del ayer, mañana
Y del mañana, presente…»

caminos-infinitos2Ahora vamos a escuchar Caminos infinitos, de este disco. La letra de esta canción no la hubiera escrito jamás si no hubiera tenido que pasar por aquel bache tan gordo que supuso la muerte de Marga. Hacer el disco de 3000 Noches con Marga es para Antonio la oportunidad de superar el profundo dolor que le había invadido: se le abre una puerta para salir adelante y descubrir caminos infinitos, como dice la letra.

En la segunda estrofa vemos cómo la muerte de Marga obliga a Antonio a volver a empezar de nuevo: «De las anchas calles al estrecho callejón; del mechero al primer fuego, de la cima al socavón», es decir, siempre volviendo al origen: de las anchas calles, la autopista al estrecho callejón donde es más difícil circular; del mechero al primer fuego de la historia, y de la cima, desde lo más alto, al socavón, lo más bajo. Tras describir este bache, que supone la necesidad de volver a empezar, Antonio afirma que, a pesar del dolor y la dificultad, existen caminos infinitos para volver a empezar y retomar sus orígenes –y cita canciones de su época con Nacha Pop–: para encontrar una luz de cruce que le guíe en la vida, otra señal de bus, y para recuperar cada uno su razón y su desordenada habitación, es decir, sus orígenes, lo cotidiano, su vida.

7. Muerte de Antonio

«…ya no tan lejos, se acerca la ansiada primavera.

Una de esas tardes, Antonio Vega se encuentra en Cercedilla, el pueblo de la sierra madrileña en el que vive desde hace un año. Ha vivido muchas veces en la sierra norte y es un clima que le gusta. Por la zona también viven muchos otros músicos. Si uno no debe fichar todos los días en la oficina y tiene un trabajo con horario flexible puede permitirse el lujo de hacer las maletas e instalarse en uno de tantos pueblos de la sierra madrileña, en aquella zona que eligió Felipe II para dejar constancia de su paso por el mundo.

Esta tarde, Antonio se ha acercado a casa de Anye Bao a intentar arrancar su moto. Lleva un par de semanas aparcada en la puerta y hoy es el día elegido para recuperarla. Le acompañan Basilio Martí y David Bao, el hijo de Anye que –como su padre y su tío Pepe– es un músico cojonudo que continua la estirpe profesional familiar. El caso es que entre los tres intentan arrancar a capón la Custom 650 de Antonio que se quedó allí, tirada, hace ya un par de semanas.

El invierno ha sido bastante provechoso. Los conciertos de la gira de teatros están siendo un éxito y el último, en Bilbao, salió redondo. La banda perfectamente medida, los músicos enormes y Antonio, tanto musical como vocalmente, mejor que nunca. Es una realidad desde hace tiempo que el sonido de Antonio está en su mejor momento. En los últimos años ha dado un paso de gigante en cuanto a técnica y definición con el instrumento.

Desde hace días Antonio ha dejado de fumar. Ya no aspira más que aire. Lo que podría considerarse una buena señal, en realidad, es todo lo contrario, pero por el momento es recibida con ilusión por todos.

Antonio se sube encima y espera a que Basi y David empujen la moto lo suficiente como para meter segunda de golpe y arrancarla a capón. La moto pesa por lo menos 200 kilos y en plano no es fácil coger la suficiente velocidad.

En mitad de la operación, salta la alarma.

– Parad, parad, estoy muy cansado.

Los dos arrieros se ríen.

– ¡Pues imagínate nosotros, que somos los que estamos empujando!

– Que no, que es en serio. Estoy muy cansado.

Otra vez neumonía. Ya no hay risas. Lo que hay es un ingreso en el Hospital 12 de Octubre y malas noticias. La neumonía es severa.

[…] Hay metástasis en los huesos de las costillas y en breve se extenderá por doquier. En cuanto se lo confirman a Antonio les dice a los médicos que ya están tardando con el tratamiento. Está seguro que una vez derrotada la enfermedad todo volverá a la normalidad. Ha estado demasiadas veces al borde como para darle mayor importancia. «He salido de peores que ésta» dice cuando le preguntan.

[…] Y su cuerpo, ese cuerpo capaz de resistir lo irresistible, que había salido airoso de décadas de excesos, en esta ocasión no lo soportó y se rindió ante el avance del veneno.

Los peores temores se confirman. Los médicos poco pueden hacer llegados a este punto. Lo único, aliviar en la medida de lo posible el dolor.

Los siguientes días son terribles. Antonio se va consumiendo a un ritmo vertiginoso. Está dormido la mayor parte del día, y cuando despierta apenas tiene fuerza para hablar.

Ya no queda mucho tiempo. A Mari Luz se le rompe el corazón, otra vez. Dicen que cuánto más te quiere Dios, más te hace sufrir. Qué extraña manera de demostrarlo.

Antonio no quiere separarse un solo minuto de sus hermanos. La familia le arropa y se queda con él, acompañándole, dándole ánimos cada vez que abre los ojos y despierta aunque sean unos segundos. Los médicos no entienden cómo es posible que recupere la conciencia con la cantidad de morfina y demás sedantes que le dan.

La mañana del 12 de mayo Carlos y Cristina están en la habitación de Antonio. Queca, la última novia de Antonio también se encuentra en la habitación pero está adormilada en el sillón. Saben que se acerca el final. Antonio, como si supiera que Laura aún no ha llegado, la espera. En cuanto Laura entra y los cuatro hermanos están juntos, la frecuencia en la respiración de Antonio se empieza a dilatar. Carlos susurra al oído de su hermano cosas que sólo ellos dos saben. En ese momento, Antonio mueve la cabeza en el último aliento y brota una lágrima de sus ojos cerrados».

«¿Qué pasaría si Antonio fuese una persona sana, viva, brillante, lúcida y cabal? ¿Se destruiría el mito? ¿Ya no sería bonita la leyenda? Pues eso es lo que quiero, que se destruya ese mito, que se rompa la leyenda. Que muchos se lleven el desencanto que se tienen que llevar para darse cuenta de que en un futuro no muy lejano habrá un encanto, un mito y una leyenda mayores que pasaran por encima de todo eso».

Para acabar, escuchamos la canción más emblemática de Antonio, que expresa aquel sitio en el que el corazón de uno descansa: El sitio de mi recreo.

el-sitio-de-mi-recreo

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13 Jun 2016

Fiesta Bocatas 2016

Fiesta de Bocatas: Sábado 18 de Junio a partir de las 19:30 hrs en los patios de la Parroquia de San Jorge (C/ Padre Damián, 22)

– 19:30 Apertura del tinglao
– 20:15 Testimonio guapis de la fundadora de la Asociación para la Mediación, el Encuentro y la Escucha, que se dedica a la mediación penal y a tratar de reconciliar a presos y a sus víctimas.
– 21:00 Cena (hamburguelos y cervezas)
– 21:30 Playbacks
– 22:00 Conciertazo de rock n roll by Jose Cabello Antonio de la Torre Tomás Serra David Alonso e Ignacio Cabello
– 23:30 Recogida

[Mail de Chules]

Estimados amigos
Como algunos sabéis ya, el próximo sábado sabadete 18 de juniete vamos a celebrar la fiestuqui de bocatas

Va a ser as usual en la Parroquia de San Jorge (Calle Padre Damian 22) la parro que vio nacer los míticos bocats hace 20 añicos ya….

Empezaremos a partir de las 19.30 cuando el sol saya puesto por Antequera.

Como siempre empezaremos con un testimonio para seguir con las actuaciones de estelares de playback del club de las mamunchis y del Charleston del clan de los Fdez&Fdez (esto último del charleston es mentira, pero y lo que molaría, que?)

Luego habrá concierto, entrega de diplomas anuales de la asociación y finalmente acabamos a las 00.00 con el mítico concurso » a ver quien recoge más mierda» para dejar la parro impoluta (no os esforcéis que siempre lo gano yo, no se…)

Pues nada, allí podréis adquirir la nueva camiseta de los 20 años de bocatas, conoceréis al Hombre del Queso, al Hamster Perez, y muchas atracciones más.

Ale ale hop….

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Acercarse a la Cañada Real Galiana significa asomarse a la penumbra más oscura del ser humano. ¿Es posible conservar la esperanza, el optimismo o la fe después de contemplar un caudal tan abundante de sufrimiento, fluyendo sin descanso entre hogueras, montañas de basura y figuras espectrales, sin otro horizonte que una nueva dosis capaz de aplacar el insomnio, la ansiedad, el lagrimeo, las náuseas, los vómitos y los dolores musculares?

Las Cañadas Reales eran antiguas vías pecuarias. Aunque la ley prohibía construir en su trazado, se permitía a pastores y ganaderos sembrar huertos y levantar pequeñas casas  para almacenar aperos de labranza o realizar una parada en el camino. Actualmente, no queda nada de ese estilo de vida en la Cañada Real Galiana. En su lugar, más de ocho mil personas viven en una avenida de chabolas, chamizos, escombros y, ocasionalmente, chalets de lujo, que se extienden a lo largo de quince kilómetros. Dividida en sectores, el seis es el más grande y populoso. Comienza en la A-3 y finaliza en el término municipal de Getafe. En un tramo de unas cuarenta parcelas, se alza el mayor hipermercado de la droga de Europa. Conocido como Valdemingómez, linda con la incineradora y con la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada. A menos de un kilómetro de distancia, se halla El Gallinero, un poblado de rumanos de etnia gitana.

¿En qué consistía la vida? ¿Cómo descubrir de nuevo el presente? ¿Quedaban todavía lugares donde recuperar la frescura? ¿Era posible una mirada nueva? Y, ¿de donde venía?

Hasta hace una semana, sólo conocía ese paisaje por los reportajes televisivos. El joven sacerdote de mi pueblo me habló de la asociación Bocatas, una iniciativa solidaria que surgió en los bajos de Azca en 1996. Tres amigos –Jesús, Nacho y Jorge- decidieron espontáneamente ayudar a las personas más vulnerables de su barrio, una zona acomodada que también sirve de cobijo a vidas rotas por el alcohol, las drogas, la enfermedad mental o la pobreza. No me agrada el término “mendigo”. Prefiero hablar de transeúntes o sin techo. Transeúntes y sin techo fueron los padres de Cristo. Su situación de precariedad y desamparo no les restó un ápice de dignidad. En todo caso, evidenció la dureza de corazón de una sociedad que mira hacia otro lado, cuando la injusticia y el sufrimiento perturban su plácida rutina. Jesús, Nacho y Jorge son de otra manera. Por eso, se lanzaron a la calle con bocadillos y bebidas. Sabían que no iban a cambiar el mundo. Sólo deseaban apaciguar las heridas físicas y psíquicas, con algo de comida y unas palabras de afecto. Vivir en la calle suele acarrear una dolorosa pérdida de autoestima. Muchos transeúntes esconden su rostro detrás de los cartones que les protegen del frío. Se avergüenzan de su situación y piensan que no merecen ser amados ni respetados. Jesús, Nacho y Jorge entendieron que su misión eran hacerles sentir lo contrario. Que merecían respeto y cariño, que no eran material desechable, que su infortunio muchas veces era el pecado de todos, que el sentido de la vida humana es la fraternidad, el encuentro, el cuidado del otro, particularmente cuando ya no espera nada.

El número de amigos fue creciendo y la iniciativa cambió de escenario. Primero, se desplazó  a Las Barranquillas y, más tarde, a la Cañada Real Galiana. Hoy en día, los amigos ya no son tres, sino cerca de un centenar y se reúnen todos los viernes. Aunque su actividad solidaria se identifica con el nombre de Bocatas, no se consideran voluntarios, sino seres humanos que han adoptado una manera de vivir, guiados por un sincero afán caritativo. Se relaciona la caridad con la autocomplaciente limosna, olvidando que “caritas” significa amor, entrega, aceptación incondicional del otro. Los amigos deBocatas, donde ya hay personas de todas las edades y estratos sociales, han escogido como lema “Pasión por el hombre”. Es una expresión que refleja perfectamente su intención de acercarse a los demás sin juzgarles ni condenarles, sino amándoles de una forma integral, incluso cuando se manifiesta lo peor del ser humano. En la página web de Bocatas, se incluye una cita de Aldous Huxley: “Pero yo no quiero confort. Yo quiero a Dios, quiero la poesía, quiero el verdadero peligro, quiero la libertad, quiero la bondad, quiero el pecado”. Es un fragmento de la conversación entre el Salvaje y Mustafá Mond en las últimas páginas de Un mundo feliz. Aunque la novela se publicó en 1932, la amenaza de los totalitarismos ya se perfilaba como algo inminente e inevitable. Imagino que han elegido este pasaje porque no se puede sentir pasión por el hombre y no aceptar los riesgos de la libertad.

Pasé un par de horas en la carpa que levantan los amigos de Bocatas. Contemplar los estragos de las drogas en hombres y mujeres prematuramente envejecidos, con la mirada perdida y la mente ofuscada, me sobrecogió. Nadie merece sufrir de esa manera. La mayoría de los toxicómanos rehúye hablar. Se limitan a recoger la ropa, la bebida y la comida, y se escabullen en la oscuridad. Sólo unos pocos rompen ese automatismo. Jesús, alias “Sando”, lleva siete años desenganchado. Vivió mucho tiempo en una tienda de campaña, sin otra preocupación que pillar, ponerse y dormitar. Ahora acude todos los viernes a la “mesa compartida” de Bocatas. Cercano, amable y comunicativo, su sonrisa es contagiosa y esperanzadora. Algo semejante puede decirse de Joaquín, uno de los bocateros. La mala suerte se ha ensañado con él. Ha sufrido dos accidentes muy graves, que le han dejado importantes secuelas físicas, pero desborda humor y entusiasmo. Si nota que estás afligido por algún motivo, te pide permiso para darte un abrazo.

En 1944, Dámaso Alonso publicó Hijos de la ira, que incluía el célebre poema “Insomnio”, según el cual “Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres”. Ahora somos muchos más, pero las almas se siguen pudriendo lentamente, como en el poema de Dámaso. Sin embargo, yo no advertí esa podredumbre en la Cañada Real Galiana. Agrupados alrededor de la alta y sencilla cruz de la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada, sentí que la vida fluía suavemente, circulando de mano en mano con la ternura de un sencillo trozo de pan.

Fuente: Rafael Narbona, publicado en El Imparcial (30-01-2016).

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Eric Clapton es uno de los músicos más grandes de todos los tiempos, habiendo conquistado con sus potentes canciones a los amantes del blues-rock. Como la gran mayoría de los que se movieron en el mundillo de la música y, en especial, del rock n’ roll, Clapton cayó en las drogas, y tuvo una especial adicción a la heroína, la cocaína y al alcohol. Gracias a Dios, Clapton se rehabilitó y continuó su vida y su carrera profesional «limpio». A continuación os dejo un fragmento de su Autobiografía en el que cuenta una experiencia preciosa: cuando, una noche en un centro de rehabilitación por su adicción al alcohol, sintió una soledad y una desesperación profundas y cayó de rodillas, llorando y se rindió. Es el relato de su conversión. Años más tarde escribiría una de sus mejores canciones: Holy Mother, dedicada a una Madre a la que, de rodillas y desesperado, se ve obligado a pedir ayuda a base de gritos y punteos de guitarra desesperados. No tiene desperdicio. Escuchad la canción, leed la letra y leed lo que cuenta Clapton de aquella noche oscura en la que tuvo que rendirse de rodillas ante el Misterio para pedir ayuda a su Holy Mother.

Holy Mother
Eric Clapton

Holy Mother, where are you?
Tonight I feel broken in two.
I’ve seen the stars fall from the sky.
Holy Mother, can’t keep from crying.

Oh I need your help this time,
Get me through this lonely night.
Tell me please which way to turn
To find myself again.

Holy Mother, hear my prayer,
Somehow I know you’re still there.
Send me please some peace of mind;
Take away this pain.

I can’t wait, I can’t wait, I can’t wait any longer.
I can’t wait, I can’t wait, I can’t wait for you.

Holy Mother, hear my cry,
I’ve cursed your name a thousand times.
I’ve felt the hunger running through my soul;
All I need is a hand to hold.

Oh I feel the end has come,
No longer my legs will rise.
You know I would rather be
In your arms tonight.

When my hands no longer play,
My voice is still, I fade away.
Holy Mother, then I’ll be
Lying in, safe within your arms.

Traducción

Madre Santa, ¿dónde estás?
esta noche me siento partido en dos,
he visto las estrellas caerse del cielo,
Santa Madre, no puedo evitar llorar.

Oh, necesito tu ayuda esta vez,
para pasar esta solitaria noche.
Dime por favor qué camino coger
para encontrarme de nuevo a mí mismo.

Santa Madre, escucha mi oración;
sé que, de alguna manera, todavía estás ahí.
Por favor, dame algo de paz de espíritu;
llévate este dolor.

No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar más tiempo.
No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperarte a ti.

Santa Madre, escucha mi llanto;
he maldecido tu nombre cientos de veces,
He sentido la ira corriendo por mi alma.
Lo único que necesito es una mano que agarrar.

Oh, siento que ya ha llegado el final
mis piernas no correrán más.
Tú sabes que preferiría estar
entre tus brazos esta noche.

Cuando mis manos no toquen más,
se pare mi voz, y me desvanezca.
Santa Madre, entonces estaré
acostado, a salvo, en Tus Brazos.

Holy Mother
Eric Clapton

Holy Mother, where are you?
Tonight I feel broken in two.
I’ve seen the stars fall from the sky.
Holy Mother, can’t keep from crying.

Oh I need your help this time,
Get me through this lonely night.
Tell me please which way to turn
To find myself again.

Holy Mother, hear my prayer,
Somehow I know you’re still there.
Send me please some peace of mind;
Take away this pain.

I can’t wait, I can’t wait, I can’t wait any longer.
I can’t wait, I can’t wait, I can’t wait for you.

Holy Mother, hear my cry,
I’ve cursed your name a thousand times.
I’ve felt the hunger running through my soul;
All I need is a hand to hold.

Oh I feel the end has come,
No longer my legs will rise.
You know I would rather be
In your arms tonight.

When my hands no longer play,
My voice is still, I fade away.
Holy Mother, then I’ll be
Lying in, safe within your arms.

Traducción

Madre Santa, ¿dónde estás?
esta noche me siento partido en dos,
he visto las estrellas caerse del cielo,
Santa Madre, no puedo evitar llorar.

Oh, necesito tu ayuda esta vez,
para pasar esta solitaria noche.
Dime por favor qué camino coger
para encontrarme de nuevo a mí mismo.

Santa Madre, escucha mi oración;
sé que, de alguna manera, todavía estás ahí.
Por favor, dame algo de paz de espíritu;
llévate este dolor.

No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar más tiempo.
No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperarte a ti.

Santa Madre, escucha mi llanto;
he maldecido tu nombre cientos de veces,
He sentido la ira corriendo por mi alma.
Lo único que necesito es una mano que agarrar.

Oh, siento que ya ha llegado el final
mis piernas no correrán más.
Tú sabes que preferiría estar
entre tus brazos esta noche.

Cuando mis manos no toquen más,
se pare mi voz, y me desvanezca.
Santa Madre, entonces estaré
acostado, a salvo, en Tus Brazos.


Sin embargo, durante el mes de tratamiento fui dando tumbos de forma muy parecida a la primera vez, simplemente tachando los días, con la esperanza de que algo cambiara dentro de mí sin que tuviera que hacer mucho. Entonces, un día, cuando la visita llegaba a su fin, me asaltó el pánico, y me di cuenta de que en el fondo seguía exactamente igual y que iba a regresar al mundo completamente desprotegido. El ruido dentro de mi cabeza era ensordecedor, y la bebida ocupaba mis pensamientos todo el tiempo. Me conmocionó darme cuenta de que estaba en un centro de desintoxicación, se suponía que en un ambiente seguro, pero que yo me encontraba en grave peligro. Estaba absolutamente aterrorizado, desesperado.

En ese momento, casi por impulso propio, mis piernas cedieron y caí de rodillas. En la intimidad de mi cuarto supliqué ayuda. No tenía ninguna noción de a quién pensaba que le hablaba, sólo sabía que ya no podía más, que no me quedaban fuerzas para luchar. Entonces recordé lo que había oído sobre rendirse, algo que pensaba que nunca haría, que sencillamente mi orgullo no permitiría, pero supe que nunca conseguiría salir solo, así que pedí auxilio y, puesto de rodillas, me rendí.

A los pocos días me di cuenta de que me había ocurrido algo. Un ateo dirá con toda seguridad que solo consistió en un cambio de actitud, y hasta cierto punto eso es cierto, pero se trataba de mucho más que eso. Yo había encontrado un lugar al que dirigirme, un lugar que siempre había sabido que estaba ahí pero en el que nunca había querido, o necesitado, creer. Desde ese día hasta hoy, nunca he dejado de rezar, por la mañana, de rodillas, para pedir ayuda, y de noche, para expresar gratitud por mi vida y, sobre todo, por mi sobriedad. Elijo arrodillarme porque siento que necesito humillarme cuando rezo y, con mi ego, eso es lo máximo que puedo hacer.

Si te estás preguntando por qué hago todo eso, te diré que… funciona, tan sencillo como eso. Durante todo el tiempo que llevo sobrio, ni una sola vez he pensado en serio en beber o en drogarme. No tengo nada en contra de la religión, y crecí sintiendo una gran curiosidad por las cuestiones espirituales, aunque mi búsqueda me alejó de la iglesia y del culto en comunidad para conducirme al viaje interior. Antes de que comenzara mi rehabilitación, encontré a mi Dios en la música y en el arte, con escritores como Hermann Hesse, y músicos como Muddy Waters, Howlin Wolf y Little Walter. En cierta manera, de algún modo, mi Dios siempre estuvo ahí, pero ahora he aprendido a hablar con él».

Eric Clapton, Clapton: La autobiografía, Global Rythm Press, 2008, págs. 237-238.

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La asociación Bocatas pone en marcha la Casa Abad Menás para drogadictos

La asociación Bocatas, que lleva 12 años repartiendo bocadillos y comida caliente en el poblado marginal de Valdemingómez, está dando los primeros pasos con el apoyo de la archidiócesis de Madrid para poner en marcha una casa de acogida para los drogadictos en recuperación

«Después de unos 12 años llevando bocadillos y comida caliente al poblado marginal de Valdemingómez, hablando con las personas drogadictas y con todas aquellas que pasaban la noche de los viernes con nosotros, comenzamos a ver que algunas de ellas empezaban a dejar la droga y que necesitaban una mano amiga que les ayudase a retomar su vida». Jesús de Alba es uno de los iniciadores y organizadores de Bocatas, un grupo de amigos que comenzaron, hace ya 20 años, llevando un bocadillo a los más desfavorecidos. Habían visto la necesidad que estos tenían, más que de comer, de un amigo con el que hablar.

ABAD MENASEn el mes de septiembre, el grupo de amigos de Bocatas recibió la visita de monseñor Osoro, arzobispo de Madrid. Durante la misma, Jesús tuvo una conversación con el prelado en la que se planteó la posibilidad de crear una casa para aquellos que dejan la droga pero que no tienen ningún apoyo que les ayude a salir de la situación marginal en la que se encuentran debido a las secuelas que deja el haber sido drogadicto. «Es cierto que en la sociedad hay bastantes recursos dedicados a curar las adicciones físicas, pero hay un gran agujero después de esto y esta gente se siente sola. Sale a las ciudades y está más sola que la una porque vive en un mundo marginal. Nosotros ofrecemos una amistad y eso es lo que les hace reinsertarse en la sociedad», explica el organizador.

Sin prisa, pero sin pausa

El proyecto de la casa ya se ha puesto en marcha, pero Jesús asegura que no es algo que tenga que salir por empeño suyo, sino que «si es una obra de Dios, saldrá sola adelante, igual que Bocatas». De momento, José Luis Segovia, vicario episcopal de Pastoral Social e Innovación, está colaborando activamente con ellos para buscar un inmueble para tal fin. Además, amigos de Bocatas han comenzado ya a ofrecerse para colaborar como trabajadores sociales, voluntarios o haciendo donaciones. El nombre con el que se bautizaría a este hogar es Casa Abad Menás, que viene del icono copto del siglo VI donde aparece el abad Menás y Cristo abrazándole por detrás, símbolo de la amistad.

«¿Quieres un bocadillo?»

Bocatas nació a partir de un grupo de tres amigos en una parroquia del barrio de Bernabeu. Todos los viernes llevaban comida a los pobres de la zona y charlaban con ellos. Cuando el trabajo en esta zona se acabó, se desplazaron al poblado marginal de Barranquillas, hoy Valdemingómez, uno de los más grandes de Europa, también llamado en los medios de comunicación como «el supermercado de la droga», dado el alto índice de drogadictos que vivían y viven allí. Para entonces ya contaban con una veintena de voluntarios más.

El primer viernes que llegaron al barrio marginal, el grupo de amigos se quedó a la entrada, un poco bloqueado. «¿Qué hacemos?», preguntó uno de ellos a Jesús. Éste, cogió un bocadillo y se lo ofreció a una persona que pasaba por allí. «¿Quieres un bocadillo?», le dijo. «Sí», respondió el otro. Jesús se presentó y le dijo que iban a estar por allí todos los viernes por la noche. «Así comenzó todo, y a raíz del boca a boca comenzó a venir más gente a por su bocadillo y a hablar con nosotros», cuenta De Alba.

Misterios sin resolver

Durante estos 20 años, mucha gente ha pasado por Bocatas. Unos como voluntarios, otros como usuarios, pero no ha habido un viernes en el que hayan faltado a la cita del bocadillo en Valdemingómez. Llueva o nieve. «Misteriosamente, nunca nos hemos sentido cansados para acudir los viernes, siempre hemos conservado la frescura como grupo de amigos que van sin obligación y gratuitamente. Hacemos tanto bien y nos hace tanto bien que creo que iríamos aunque no tuviésemos nada que llevar porque la amistad es lo que más ayuda a los marginados. Al final el problema que tienen no es tanto la droga, sino la soledad que sienten», explica el coordinador.

Y el trato con ellos acaba sorprendiendo. Jesús recuerda que se han encontrado todo tipo de situaciones, desde el drogadicto que trata de engañarlos para que le den dinero pero que luego en su tienda de campaña escucha en Radio María las catequesis de monseñor Munilla sobre el catecismo de la Iglesia, hasta un desertor ruso de la guerra de Chechenia que comparte anécdotas con un musulmán que estuvo en la misma guerra enviado por la Yihad. «El mapa político también está más que presente en los marginados», asegura de Alba.

La mayor riqueza

«El don más grande que nos ha dado Dios es que nos ha permitido, como grupo de amigos, conocer a cientos de personas a través de Bocatas –expresa Jesús–. Si alguien me preguntase por qué soy rico le diría que mi riqueza son todos los amigos que gracias a Bocatas tengo».

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navidad15

[Mail de Chules]

Estimados amigos,

As-itis-iusual, enviamos programa festejos navideños de Bocatas, con la intención de pasar buenos momentos juntos.

1.- Sábado 24, a la una, bar de Halid al lado de la Parrroquia de Santo Tomás Apóstol (C/Portugalete, 2) Ver en maps.

2.- Día 31 de Diciembre: a las 11.00 h en C/ Pintor Rosales con C/ Marqués Urquijo para hacer la tradicional peregrinación a la Catedral de la Almudena, donde celebraremos misa; y posterior aperitivo mítico-épico (se ruega ir con hacha y armadura) en el bar Reyes, cerca de Plaza Castill (ver en maps).

3.- Os paso dos cosas que me han impresionado mucho, de dos métodos que tenemos en la vida para llegar a poder disfrutarla, sea cuan sea el momento que estemos atravesando:

– Entrevista a un superviviente de los ataques terroristas de París:

«Ayer se publicó la transcripción de una entrevista radiofónica a uno de los que había estado en el Bataclan que fue rehén de los terroristas durante dos horas y media. En un momento dado, el periodista le pregunta: «¿Qué habéis aprendido de esta cosa tan extraordinaria que os ha sucedido?». «Que la vida pende de un hilo, y que es necesario apreciarla, y que no había nada más serio que el hecho de que estábamos vivos todavía». «¿Y qué habéis aprendido de ellos, de los agresores?». «Que necesitaban un ideal que el mundo occidental en el que vivían –dado que eran claramente franceses, se expresaban en francés– el mundo en el que vivían no les ofrecía. Y han encontrado un ideal mortífero, de venganza, de odio y de terror […]. Pero se han dieron cuenta demasiado tarde de que la vida era importante. Y yo hoy puedo darme cuenta de que cada instante que paso con mi familia […] es una bendición. Los momentos sencillos de una vida forman parte de las cosas más bonitas que podemos tener, y de esto solo nos damos cuenta cuando nos pasa ese tipo de shock como el que he vivido. Tengo la impresión de haber nacido por segunda vez y quiero gustar esta nueva vida que se me ha regalado».

El vídeo de Sando que un buen amigo ha hecho para felicitar la Navidad en su empresa. Fijaos cuando habla de los «momentos sencillos de la vida».

La Navidad participa de este método: algo sencillo, delante de nuestras narices, que a veces ni olemos porque no miramos. (como estar vivos o la realidad). Dios se ha mostrado al hombre de la misma manera, por el mismo método.

Abrazos a tutti.

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Un año más, Bocatas participa en Te invito a cenar (3ª edición)

Te invito a cenar es una iniciativa promovida por distintas asociaciones sociales, pertenecientes a la Compañía de las Obras, que acompañan a colectivos en exclusión social, y que están guiadas por un mismo objetivo: responder a las necesidades de las personas compartiendo no sólo recursos sino también el sentido de la vida. La iniciativa consiste en una cena para 800 personas, que tendrá lugar el día 27 de diciembre en el Palacio de Congresos del Ayuntamiento de Madrid (Avda. de la Capital de España 7).

A la cena se invitará a todas las familias a las que se atienden, que cenarán gratuitamente, mientras que los camareros y personal de limpieza serán los voluntarios de las asociaciones. En la página web www.teinvitoacenar.org, tenéis más información de la misma.

Vídeo de Te Invito A Cenar 2015

El montaje del salón para la cena corrió a nuestro cargo… y de más amigos, claro!

IMG-20151227-WA0014

Fotito de toda la peña de Bocatas

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La mejor mesa de toda la cena!

Participar como voluntario

Inscríbete como voluntario en el formulario http://teinvitoacenar.org/alta.html hasta el 18 de diciembre, haciendo un donativo de 20 € que está destinado íntegramente a sufragar la cena.

¿Cómo Colaborar?

-Sufragando la cena de una de las personas a las que hemos invitado a cenar, 50 euros.

-Sufragando los gastos de una mesa completa. Grupos de amigos o de fraternidad pueden sufragar los gastos de una mesa de 10 personas. Esta opción implica 500 euros por mesa.

-Haciendo un donativo o invitando a empresas a patrocinar el evento.

El número de cuenta abierto para el evento es: Banco Santander: 0049 – 0001 – 56 – 2010058858

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¡Muuuuy buenas!

Estas tres blogueras han tenido la oportunidad de vivir, por una tarde, la tarea que cada viernes la asociación «Bocatas» realiza desde hace 18 años.

CorritLos voluntarios de dicha asociación se sitúan en pleno centro de la Cañada Real, en Valdemingómez, junto a una iglesia abandonada, para repartir comida y bebida a los toxicómanos que acuden a este lugar para comprar droga.

Nuestra primera para fue en el barrio de la Almudena, donde se produjo una breve misa y los voluntarios empezaron a llegar. Finalizada la misa, cogimos los coches y nos dirigimos hacia Valdemingómez.

Ya allí, nos dedicamos a grabar los preparativos de la comida y las mesas para que todo estuviese listo. Pronto comenzaron a llegar toxicómanos que iban a por comida y/o bebida.

A lo largo de la tarde, pudimos hablar y entrevistar a Jesús Granados, ex-toxicómano y voluntario de Bocatas; a «Sebas», ex-toxicómano y amigo de los voluntarios; a Estíbaliz García, voluntaria; y a Nacho Rodríguez, uno de los fundadores de Bocatas.

La velada finalizó con una fogata, un ritual que los voluntarios siguen cada viernes, en la que rezaron y dieron gracias por todo lo que tienen. Recogieron el «chiringuito» y así, terminó, un día más, la labor de esta gran asociación.

Fuente: Tocando fondo

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Una noche a la semana más de cincuenta amigos instalan sus mesas en el camino que recorren cientos de drogadictos para conseguir su droga. Entre cafés y bocadillos, el milagro de la preferencia, de un afecto por el que nace la caridad

Esta experiencia de 2000 años vuelve a suceder cada viernes por al noche a las afueras del poblado marginal de las Barranquillas, en Madrid.

Decía también Chesterton que un hombre que se hace católico alcanza súbitamente la edad de dos mil años. Y esto es Bocatas. Una caritativa que recoge en el presente toda la tradición cristiana de generación de obras que responden a las necesidades del hombre de su tiempo, especialmente de los más débiles. Toda esta riqueza, al contrario de lo que tantos se piensan, permite que podamos responder a los drogadictos sin reducirlos a un proyecto o a una cifra, es decir, como lo que son: hombres. Esta es la gran ventaja del cristianismo: que sabe cómo son los hombres, de qué están hechos, y el tipo de respuestas que ofrece responde muy bien a la condición vital humana.

Por poner sólo un ejemplo, ¿por qué para cualquiera de nosotros es evidente la semejanza que existe entre el drogadicto y nosotros, sin que exista una separación tajante, como habitualmente se considera, entre las personas “normales” y los “grupos de excluidos sociales”? Prevalece una misma concepción de la persona, resumida en lo que la Iglesia llama “corazón” y una misma experiencia: nuestra miseria, el deseo de vivir, la libertad que tiene cada hombre, es esencialmente igual en nosotros que en ellos. Y por eso Bocatas es un lugar adecuado para el hombre: porque responde a lo que es el hombre, no a la imagen del “excluido social” que tenemos. No respondemos a un colectivo marginal, sino a rostros bien concretos, con los que se va dando una relación, sin la cual todo vuelve a la nada. Ésta es la experiencia cotidiana entre ellos, porque el 99% ha salido una o dos veces de la droga, pero, si uno se rehabilita y está solo, vive en medio de la nada. Entonces, ¿por qué no volver?, ¿por qué no darse un “homenaje”, como dicen ellos?

bocatas en veranoSi nosotros hemos encontrado la respuesta a este corazón en la Iglesia, lo único que hacemos es proponer esta respuesta, sin reducciones, esquemas ni imágenes.

Este año nos estamos centrando, ni más ni menos, en presentarnos en sociedad. Este paso no ha sido inmediato, sino que, como todos los pasos que hemos ido dando hasta ahora, es fruto de un camino, un recorrido de la experiencia de estos 9 años de Bocatas sin imaginarnos lo que vamos a hacer, sino atendiendo a la provocación que nos va haciendo la realidad a cada uno. Nos hemos constituido en Asociación y hemos entrado en contacto con varias organizaciones que nos pueden conceder subvenciones.

Se trata de un paso que se puede entender desde muchos puntos de vista: de carácter social y de prestigio, por tener más dinero para vivir más cómodamente, por hacer política (muchos lo hacen), etc. Todos tienen su parte de verdad, pero no toda la verdad, y es fácil que en estos asuntos podamos decantarnos por alguno de esos puntos de vista, aun sin darnos cuenta. Nuestro único punto de vista es la experiencia. El pasado viernes entramos unos cuantos a ver un poco cómo estaba el poblado donde se vende la droga, que es un infierno. De vuelta, había un yonqui que salía del poblado; iba solo, y andando muy lentamente. Una hora antes estuvo con nosotros bebiendo un café y una hora y media después pasó de nuevo por delante de nosotros, justo antes de que nos fuéramos. El caso es que a mí me conmovió especialmente este sujeto, al que ya había visto otro viernes; posiblemente uno de los más débiles del poblado. Es una preferencia –como lo más importante en la vida, que siempre se da a través de una preferencia– la que a mí se me ha dado por este amigo, Pedro.

No sé si le volveremos a ver, no sé qué será de su vida, pero yo me la juego por ese rostro, pido subvenciones, vendo lotería, me hago 140 Km. todos los viernes, compro café, leche y lo que sea con este rostro delante.

Otro ejemplo: en el libro Los novios, de Manzoni, aparece un fraile que pide entrar en el lazareto de Milán para cuidar de los apestados en tiempo de una fuerte epidemia. En un momento dado, se encuentra con un amigo que no veía desde hacía mucho tiempo. Para hablar con él, le pide a otro fraile que cuide de sus enfermos: «Hágame la caridad, padre Víctor, de cuidar también por mí a estos pobrecillos, mientras me recojo un rato; pero si alguno me buscase, llámeme, especialmente si es el que usted sabe».
Deseo que también a todos vosotros se os dé esta inaudita preferencia que no eliges, que no construyes –porque yo no he construido el rostro de mi amigo Pedro, ni yo le he pensado, ni yo he hecho nada en especial respecto al resto de yonquis para que se me conceda esta ternura que llega hasta la conmoción y facilita enormemente la adhesión al Único por el que merece la pena vivir–.

Sólo por este entramado de preferencias damos estos pasos. También el de pedir dinero, también el dinero se somete a este juego, y la política, y el hacer proyectos, y todo lo demás de la vida. Sólo por esto amigos, sólo por esto.

Fuente: Huellas

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El arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro, pasó la noche del viernes repartiendo bocadillos a los drogadictos de Cañada Real, junto a los miembros de la ONG Bocatas

sando, vicario y copito

Sandokan, D. José Luis Segovia (Vicario de Pastoral Social) y D. Jorge «Copito» en Bocatas

Monseñor Osoro estuvo repartiendo comida, acompañando y hablando con los drogadictos y los gitanos que se acercaron, como cada viernes, a los miembros de la ONG Bocatas. «Fue muy bonito y don Carlos estuvo como uno más, hablando con todos. Le presentamos a nuestros amigos y él estuvo muy cercano, como un padre, dándonos las gracias por todo lo que hacemos y animándonos a seguir haciéndolo», afirma Jesús de Alba, Chules, uno de los fundadores de Bocatas.

El arzobispo de Madrid «demostró una gran paternidad, salvando cualquier tipo de distancia», y les confesó que «él también tenía la experiencia de acompañar a personas con problemas de droga, de abrir casas para presos, porque se había dado cuenta de que la gente está muy sola; nadie les acompaña cuando logran salir de la droga y por eso muchos vuelven a caer. Sin compañía, la gente vuelve al agujero negro de donde salieron», señala Chules.

Esta salida surgió por iniciativa del propio Chules: «Le envié un carta para invitarle a que viniese con nosotros una noche, para que nuestra gente pudiera conocer la realidad de la Iglesia, que es cercana y que puede ser tan importante para su vida como lo es para nosotros».

Así nació la Iglesia

Bocatas nació hace veinte años en los bajos del complejo de negocios Azca, entonces una de las zonas más conflictivas de Madrid, cuando tres amigos decidieron repartir bocadillos y ropa a indigentes y drogodependientes. En la actualidad, los amigos de Bocatas siguen haciendo lo mismo cada viernes en la Cañada Real.«Nosotros damos bocatas, pero damos también nuestra amistad, porque las necesidades de estos chicos no son tanto materiales, como de relación, de amistad. En realidad, así nació la Iglesia, Cristo empezó siendo amigo de los apóstoles», reconoce Chules.

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Además, esta amistad «es un don de Dios, porque llevamos veinte años haciendo esto cada viernes, y sobre todo estamos abiertos a cualquiera que quiera venir, incluso gente con problemas en su vida personal que quiera ayudar un poco a los demás. En estos veinte años hemos comprobado cómo el Señor y la Iglesia sanan la vida de todos, no sólo de los drogadictos, sino también de muchos amigos con crisis personales que nos han acompañado».

Y lejos de pensar en resultados, Chules destaca que «nosotros nos movemos por el amor, no por los rendimientos que podamos obtener. Siempre hemos tenido claro que los frutos son siempre del Señor. Si hemos tenido la fortuna de ver a algunos amigos salir de la droga es porque Cristo existe, y los frutos son suyos».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
21 de septiembre de 2015
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Montando el chiringuito

Nacho Rodríguez lleva 15 años repartiendo bocadillos a drogodependientes en los poblados marginales de Madrid. Lo hace cada viernes porque cree que es un voluntariado “agradable”. Junto a otros voluntarios de la Asociación Bocatas ha hecho, incluso, algún buen amigo. Con droga o sin ella, comparten el mismo objetivo: la felicidad.

Montando el chiringuito

Nachito, en primer plano, montando, junto al resto de bocateros, la barra desde la que se reparte la comida

Paella, guisos de alubias o lentejas, tarta y, sobre todo, bocadillos. A éstos se debe el nombre de la Asociación Bocatas de Madrid, formada hace 15 años por un pequeño grupo de amigos que decidieron cruzar la frontera al “otro mundo”. En aquellos años el poblado marginal de Las Barranquillas era la capital del país de los muertos vivientes, un arrabal de continuo tránsito de personas que para el resto de la sociedad no eran vistas como tales. La droga había puesto ojeras en sus rostros, callos en sus venas y había alejado de sus agendas una vida normal en el mundo de los demás.

Hace tres lustros Nacho Rodríguez había experimentado los “beneficios” de ayudar a los demás, cuando el cura de la parroquia de San Jorge, cercana al Estadio Bernabéu, en Madrid, invitó a los feligreses más jóvenes a llevar comida a los mendigos y alcohólicos del barrio. Pronto pensaron que esos bocatas, calditos y cafés con los que su madre llenaba algunos termos podrían ser bien recibidos también un poco más lejos de la Castellana, en el mismísimo poblado de Las Barranquillas. Pero también porque en la solidaridad hay un pellizco de egoísmo, según Nacho: “En la gratuidad el primer beneficiario es uno. No digo que haya que hacer las cosas por egoísmo, pero es verdad que si uno va y no vuelve contento a casa es absurdo que repita. En realidad es bueno hacer estas cosas porque a uno le hacen estar más contento. Si uno está más contento, lógicamente seguirá haciéndolo”.

Y así empezó todo. “Nunca hemos tenido la pretensión de solucionarles el tema de la droga. Vamos los viernes, tres horas, y es muy difícil conseguir grandes resultados. Pero hay una cosa fundamental. Es fácil dejar la droga: te metes 15 días en un hospital te curas el mono y luego te metes en un centro. El problema no es dejarlo, el problema es no volver. Porque cuando uno lo deja se termina de curar pero a los tres meses ¿qué pasa? Que echa de menos la droga y es fundamental estar bien acompañado y si uno no lo está vuelve a caer, porque es lo único que tiene. Después de 15 años en Bocatas hemos visto unos pocos milagros: que personas de Las Barranquillas han dejado la droga porque con la compañía que les damos han empezado a cambiar y a revivir. Verdaderamente es un milagro”, sostiene este madrileño de 36 años que imparte clases de biología a chavales de Secundaria.

Este profesor y sus compañeros de Bocatas tienen una cita todos los viernes, ahora contando con el apoyo de más particulares que les posibilitan comida caliente y otras entidades como el Banco de Alimentos y Coca-Cola. Cuando el poblado de Las Barran_quillas dejó de ser el supermercado de la droga de la capital hubo que trasladar el proyecto a la Cañada Real Galiana. Allí acude todas las semanas junto a una treintena de personas con el único objetivo de repartir comida y compañía. Suelen estar desde las ocho y media hasta las 11 y media de la noche. “Es una cosa muy sencillita”, desde la óptica de Nacho.

Trato agradable

El trato con los drogodependientes es “bastante agradable, pues son muy agradecidos. La relación es sencilla pues lo que buscan no es sólo comer y beber sino un poco de compañía de gente normal con la que hablar. Y te cuentan su vida e historias. Suele ser muy cordial”. Pero, “a veces”, dice este voluntario sin darse importancia, su labor sale de ese mundo de zombies del poblado y trasciende los viernes: “Surgen relaciones que van más allá. Y si dejan la droga, como ha sido el caso, surge una relación más entrañable y más profunda. Con tres o cuatro de ellos tenemos una muy buena amistad”.

Quizás esa sea la “droga” que haya atrapado a este grupo de voluntarios para repartir unas 80 raciones todos los viernes en La Cañada. Posiblemente, con la reincidencia semanal de los voluntarios en su labor se hayan eliminado las fronteras que la sociedad impone entre personas de primera, de segunda o quinta clase. Puede que, por el contrario, se esté dando el caso de que los voluntarios sean de los pocos ciudadanos que vean la realidad con los ojos limpios del narcótico del egoísmo. Nacho parece tenerlo claro: “Es importante que exista esta parte de la sociedad, la de los voluntarios. Si sólo es el Estado el que atiende a estas personas, únicamente se trata de trabajo remunerado de una persona que se dedica a atender a otros. Pero cuando está el voluntario, entra en juego otra palabra, que es la gratuidad, y al final las relaciones gratuitas son las más importantes, porque uno da sin esperar nada a cambio”.

general (3)

Muchos drogadictos te cuentan su historia, sus problemas e inquietudes. A veces sólo necesitan alguien con quien hablar, algo de compañía que les de un poco de esperanza

Aunque siempre hay recompensa. “Hacer el bien a otras personas surge de forma inmediata. Pero si no hay una razón más de fondo eso no se mantiene en el tiempo”, añade este veterano de Bocatas acostumbrado a relacionarse con colectivos “que nadie quiere”, y que se emociona recordando infinidad de anécdotas que ha vivido.

Nacho cuenta como excepciones ciertos “momentos violentos y tensos”, como cuando un drogodependiente se puso “bastante nervioso”. Había intentado robar uno de los coches de los voluntarios, ellos se lo dijeron y “se hizo el ofendido” acompañádose de “un destornillador”. Lo cuenta como el que no quiere la cosa.

“Pero alguna vez hemos bromeado con ellos, poniéndoles picante en la comida, pues es una relación muy sana y nos echamos unas risas”, matiza aderezando su testimonio con otra gracia: “Cuando venía algún voluntario nuevo a repartir comida le decíamos a un amigo drogadicto que le metiese miedo. Y el otro se lo llevaba a un rincón…”

En resumen, concluye Nacho, “lo que fundamentalmente descubres es que la necesidad de ellos se parece mucho a la necesidad propia. Ellos tienen que comer y nosotros estamos satisfechos en esa necesidad, pero en el fondo buscan lo que nosotros, ser felices”. Lo rubrica un voluntario que lo es todos los viernes dando bocatas y conversación en las fronteras de la gran ciudad.

Fuente: ONCE
Almudena Hernández
2011
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sando

Sando, ex-drogodependiente, hoy en Bocatas

Jesús, Sando para los amigos, 48 años, era un rostro habitual en las Barranquillas, el mayor supermercado de la droga en el Madrid de los años 90. Vivía allí mismo en una tienda de campaña, totalmente enganchado. Hoy, varios años más tarde, ya curado, vuelve cada viernes por la noche con sus amigos del grupo Bocatas, para dar bocadillos y compañía a los drogodependientes de hoy. Su modo de salir de la droga es un auténtico tratado de eclesiología, de cómo fundó Jesús la Iglesia: haciendo amigos.

Jesús, ¿cómo fue tu infancia?

Mi infancia ha sido buena, pero cuando tenía 15 ó 16 años, no tenía autoestima, no estaba contento con mi forma de ser. No me quería a mí mismo. Y mi forma de levantar esa autoestima fueron las drogas, me hacía más efusivo, era lo que entonces se pensaba. Empecé a tontear con el chocolate, la marihuana, las pastillas… A veces incluso las vendía en el colegio.

Había gente a la que le gustaba leer y se iba a la biblioteca; y otros que se iban al parque con los colegas a fumar porros. A mí lo primero me aburría, así que me metí en lo segundo. Me parecía más atractivo, sin darme cuenta de lo que me vendría después. Con un porro y un litro de cerveza estaba como un gallo, iba para un lado y para otro, hablaba con este o con aquel… No vivía la sencillez.

¿Qué te faltaba?

Me faltaba creer en mí mismo, quererme, saber que Dios me quiere y saber que lo que quiere es un bien para mí, que sea sencillo y normal.

Y te fuiste metiendo poco a poco en ese mundo…

La cuestión es que las drogas siempre te piden más drogas. Te atraen porque te evaden de los problemas, y vas subiendo poco a poco en la escala de las drogas. Empiezas a tomar LSD, los tripis, la coca, el caballo…, drogas ya duras. Y entras al cabo de un tiempo en una línea circular: cuando quieres cortar es imposible, necesitas más drogas. Estás enganchado. El día que no tienes droga estás jodido.

No te puedes imaginar lo dura que es la droga, todo lo que haces sufrir a los demás, engañas a todo el mundo, a tu familia, a la gente que quieres…

¿Qué te decía tu familia?

sando, vicario y copito

Sandokan, D. José Luis Segovia (Vicario de Pastoral Social) y D. Jorge «Copito» en Bocatas

Cuando yo tenía 34 años se mueren mis padres, con un año de diferencia, y me hundí un poco más. Yo para entonces ya estaba bastante metido en las drogas. Les quería mucho, aunque no llevaban bien que estuviera en ese mundo.

Te intentarían ayudar…

Claro, lo que pasa es que si tú no lo ves, nadie te puede ayudar. La gente a veces hace cosas porque no se quieren a sí mismo. Eso es lo que me pasaba a mí.

¿Trabajabas por entonces?

Yo tenía un bar con unos socios, pero la vida no me llenaba. Tenía dinero pero lo malgastaba todo en perjuicio mío. En lugar de gastarlo en disfrutar, en ayudar a los demás, en cosas que de verdad te ayudan a vivir, lo que hacía era gastarlo en vicio, en perjudicarme a mí mismo. Estaba en una espiral en la que después, tras la muerte de mis padres, ya pierdo el norte.

Después conocí a unos amigos que frecuentaban mi bar pero que venían a pedir comida, eran toxicómanos. Me dio entonces por probar la coca y el caballo. Yo mismo entré al trapo. No sabía disfrutar de la vida; tenía dinero, pero me faltaba la sencillez de la vida. No disfrutaba de una conversación como ésta; entonces yo sólo podía tener una charla contigo si estaba colocado. Sólo así me creía persona.

Me enganché del todo y me metí más y más. Hasta el punto de que me fui a vivir al poblado, al supermercado de la droga que entonces era Barranquillas. La droga es muy cara y siempre quieres más, y me arruiné. Cuando te arruinas y estás enganchado lo que haces entonces es irte a vivir al poblado, con una tienda de campaña. Dejé mi trabajo, mi casa y mi familia.

¿Y en el poblado que hacías?

Básicamente, buscarme la vida. Te sale entonces el instinto de supervivencia. Llevas a la gente que llega a pillar a donde sabes que hay mejor droga. La gente llegaba en coche y te preguntaba: «¿Donde pillamos?», y tú les llevabas y luego te pagaban en droga. Como yo, un montón de chavales que hacían lo mismo. Te pagaban una micra de droga, la dosis mínima, lo que necesitabas para quitarte el mono.

sando, trunchez, nacho y chules

Sandokan, Trúnchez, Nachito y Chules

Y así todo el día…

Claro, y también vendía papel de plata, o jeringuillas. O hacía de «machaca».

¿Qué es eso de «machaca»?

Hacer de «machaca» es hacer chapuzas para la gente que vende la droga: poner unos ladrillos, mover cosas… y te pagaban en droga directamente. De hecho, Valdemingómez se ha construido gracias a los «machacas»; son ellos los que han construido todas esas casas.

¿Como esclavos?

Así es. Les daban un bocadillo para tirar y droga. Y ellos iban y hacían las casas.

Madre mía…

Es una dinámica en la que la vida ya no tiene sentido. Lo más básico del ser humano pasa a un segundo plano; la higiene, la limpieza, la alimentación, sólo comes bollos, colacao, etc. Yo tenía una úlcera en un pie enorme y no me la curaba. Hay muchas enfermedades. Yo, por ejemplo, tengo el VIH, porque un día no recuerdo cómo pero compartí una jeringuilla. Cuando tienes el mono, no piensas: «Voy a una farmacia». Estoy con medicación y estoy muy bien. Es algo más crónico.

¿Cuánto tiempo estuviste en una tienda de campaña en Barranquillas?

Doce años, buscándome la vida, arriba y abajo, y con una desazón muy grande…

Y entonces llegaron los de Bocatas…

Yo sabía que iban por Barranquillas todos los viernes. Iban por allí a dar de comer y a dar compañía. Yo lo que quería era compañía, porque siempre he tenido una carencia de cariño, eso es lo que he sentido en mi vida. Hablaba con ellos y eso me llenaba para toda la semana. También me gustaba mucho cuando rezaban en círculo y explicaban por qué estaban allí. Me daba cuenta de que Dios nos quiere, porque venía a los que vivíamos en el subsuelo, en lo más bajo que hay.

Recuerdo que mis amigos se piraban, cogían el bocata y decían: «Vámonos a robar». Pero yo me quedaba. Estaba flipado, con la boca abierta: «¿Es posible que haya gente tan buena?»

¿Cómo saliste de la droga?

Sando, Cabello y Lucía en Bocatas

Sando, Cabello y Lucía en Bocatas

Tienes que pedirle al Señor. Tienes que querer. Que yo he recaído también, ¿eh?… He pasado por varios centros. Yo sé que el Señor me quiere, pero también yo tengo que poner mi parte. Él siempre está ahí, pero si yo no cumplo con la parte que me corresponde… Yo con la Iglesia he aprendido a pedir ayuda, darme cuenta de las cosas, reconocer que no puedo con todo. Saber dónde flaqueo.

Y también he aprendido con la Iglesia a que la vida hay que vivirla muy sencilla, sencilla y natural. Empezar la casa por abajo, no por el tejado. ¿Y cómo se empieza la casa por abajo? Pegándote a buenas amistades, juntarte con gente que te hace bien. Porque uno por sí solo no puede construirse su casa, su vida. Tiene que ser en compañía de amigos que te ayuden. A mí me ha ayudado Bocatas, Chules, Nachito, Catalá, Copito, Jesús, Silvia… y un montón más. Dios existe y está presente, y aquí en la tierra le vemos a través de esas personas.

Si la vida es tan bonita, ¿por qué autodestruirte? Y si esto no lo ves, entonces pégate a gente que lo ve. ¡Qué contento se pondrá el Señor cuando ve a uno de sus hijos que crece, que avanza y se construye como persona! ¡Qué bonito es cuidarnos unos a otros! Para mí mis amigos son un amor bueno, un abrazo de Cristo. Eso es lo que hace que la vida tenga sentido. Hoy estoy agradecido, pero la palabra «agradecido» es poco.

Fuente: Alfa & Omega
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
27 de octubre de 2015
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La ONG Bocatas nació hace 18 años en los bajos de Azca, cerca del Santiago Bernabéu, en manos de tres amigos que comenzaron el reparto de bocadillos y prendas de ropa a indigentes y drogodependientes. En la actualidad, el proyecto continúa en la Cañada Real, donde sigue haciendo falta esta ayuda.

Los de Bocatas ofreciendo algo de comida y bebida caliente a los toxicómanos del poblado

Como todos los viernes, los miembros de Bocatas se reúnen en torno a las 20:30 en la iglesia de Santo Tomás Apóstol. El ambiente es acogedor; entre bromas y coloquios se preparan para salir hacia Valdemingómez, lugar en el que desde hace años ofrecen comida, ropa y compañía.

Todo comenzó casi dos décadas atrás, cuando tres amigos de la facultad comenzaron a repartir comida en la zona del estadio Santiago Bernabéu. La sopa la hacían sus madres, el pan era de la panadería del barrio y el embutido del supermercado de un amigo.

Conforme se consolidaba su labor este grupo de jóvenes fue ganando adeptos y se trasladó al poblado de Las Barranquillas. Poco después, comenzaron a obtener comida del banco de alimentos y gracias a “un pellizco» de la lotería cambiaron la furgoneta que tenían por otra mayor, acorde a la demanda del nuevo destino. Y la historia sigue: tras varios años ayudando a los habitantes del poblado madrileño, los jóvenes volvieron a tomar el volante de su furgoneta para trasladarse a su destino actual: la Cañada Real, Valdemingómez.

Al llegar, el lugar te golpea, especialmente si ha llovido. El barro, los charcos y el frío se suman a la oscuridad de la noche. El asfalto deja paso a los caminos de tierra y las farolas a la luz de las hogueras, en un lugar donde el alumbrado público no llega.

El reparto se lleva a cabo en la entrada del poblado, alejado del núcleo de casas, pero lo suficientemente cerca para que acudan andando las personas a quienes destinan su labor. Junto a la furgoneta en la que portan los alimentos colocan un mostrador. Para mitigar el efecto de la lluvia extienden una carpa. Un par de palets sirven de leña para hacer una hoguera que da luz y calor: los ingredientes básicos para crear un punto de reunión en el que entablar una conversación. Un leve olor a madera quemada impregna el lugar, mezclándose con el de la comida que los voluntarios preparan en un pequeño hornillo.

En unos instantes comienzan a llegar los drogodependientes en busca de arroz, harina, huevos y algo de ropa. La distribución es continua y se realiza en una fila ordenada. El agradecimiento de quienes reciben ayuda es evidente, en un clima sin prejuicios donde cualquiera que necesite ayuda es bienvenido.

A menudo algunos de los drogodependientes se sorprenden de que les den algo sin esperar nada a cambio, y la ausencia de intereses materiales y el afecto pululan por el entorno transformando el paisaje árido en un lugar agradable que les sirve de cobijo, y en ocasiones se convierte incluso en un fortín en el que atrincherarse para salir de la adicción.

“He vuelto a cogerle el gusto a la vida tras 10 años en la droga”

La humanidad y la empatía con quienes sufren por su dependencia de las drogas están muy presentes. El propósito es crear, mediante la compañía y el diálogo, una amistad que ayude a cubrir el vacío que generan estas sustancias.

De hecho, a lo largo de los 6 años de trabajo de Bocatas en la Cañada, varias personas han logrado abandonar la droga, gracias en parte a la ayuda y al apoyo de la organización. Uno de ellos es Jesús Granados -conocido como Sandokan– que ha logrado reinsertarse completamente en la sociedad. «Gracias a Bocatas he vuelto a cogerle gusto a la vida, he vuelto a empezar a vivir». Tras 10 años en la droga ha conseguido abandonar la adicción y empezar de cero. Hoy, Gómez trabaja en un despacho de abogados y colabora activamente con la ONG que tanto le ha ayudado. «Es muy importante la compañía, más que la comida porque hace que te sientas persona. El éxito está en que van más allá de dar comida o ropa: buscan el lazo de amistad sin pedir nada a cambio, y esa generosidad se contagia». No obstante, la labor de Bocatas no pretende reinsertar a los drogadictos eso -como dicen los propios voluntarios- es un milagro. El objetivo es hacer todo lo posible para ayudar a sobrellevar la situación traumática en la que se encuentran.

En palabras de Sandokan «es muy difícil salir de la droga porque para conseguirlo hay que tocar fondo, y es muy difícil saber levantarse. Lo más importante es abandonar el pesimismo y aferrarte a tus amigos y a la gente que te quiere y llenar con actividades sanas el vacío de la droga, y en eso Bocatas ayuda muchísimo. Siempre que la sociedad vea que quieres salir, te ayudará»

Por otro lado, en muchas ocasiones la experiencia de acudir cada viernes para colaborar repartiendo alimentos y ropa se convierte en una parte fundamental de la vida de los voluntarios, y encuentran en este ejercicio una necesidad.

Como cuenta Jesús -apodado Chules-, uno de los fundadores, «te sirve de terapia a ti mismo porque te ayuda a relativizar los problemas y ves como algo banal las preocupaciones del día a día porque te das cuenta de que en realidad lo tienes todo». Explica que todas las actividades que llevan a cabo se hacen sin subvenciones ni préstamos: «El principio elemental es educar en la gratuidad, que es una experiencia maravillosa»

En conclusión: el activo no es tanto la comida, sino establecer un vínculo de amistad con un núcleo social aislado. El proyecto no aspira a erradicar la droga, pretende poner un granito de arena y tratar de escuchar a gente que se encuentra en situaciones desestructuradas. Como el cuento del pequeño colibrí, que mientras los elefantes y rinocerontes huían de la selva en llamas, se dirigió al río y cogió una gota en su pico; cuando le preguntaron si pretendía apagar el incendio con una gota contestó: “Yo voy a hacer mi parte.”

Javier Cabedo Figueredo / @javicabedo
10 de enero de 2014
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