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A menudo la mayor dificultad con la que se encuentra una persona que quiere dejar la droga después de diez, quince o veinte años en el poblado es verse absolutamente solos, no tener adónde ir, nadie a quién recurrir. Todos afirman que «lo difícil no es salir, sino no volver a caer». La mayoría han intentado e incluso logrado no drogarse durante un año, dos, cinco…, pero cuando las circunstancias de la vida se complican, es muy difícil no recaer.

A través de la relación con la gente de Bocatas, algunas vidas han pasado de la desesperación a la esperanza.  Es lo que ha sucedido con Sandokan y Magdalena, que conocieron a Bocatas hace muchos años, cuando se pinchaban en Las Barranquillas. Después de muchas peripecias y de ser rescatados una y otra vez por los bocateros, tomaron la decisión de dejar la heroína en 2009, iniciándose una nueva modalidad de amistad que implicaba una mayor dedicación y un acompañamiento cotidiano a fin de lograr su reintegración en una sociedad que para ellos resulta un tanto hostil. Con los años este pequeño grupo de amigos ex-toxicómanos ha ido creciendo: Sandokan, Magdalena, el Juli, Sebas, el Meji, Harry Potter, alguno en la cárcel pagando robos y mala vida, etc. La nota común: son nuestros amigos. Son la joya de la corona de Bocatas, felizmente salidos del infierno y luchando como jabatos para reintegrarse de modo normal a nuestra sociedad. Un gran tesoro, el gran tesoro para nosotros como grupo de amigos.

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Este acompañamiento consiste en ayudarles a buscar una vivienda –o a menudo acogerles en casa– y un trabajo dignos, a normalizar su situación legal, a reencontrar a sus familias, a que adquieran hábitos saludables, acompañarles al médico…, y sobre todo compartir la vida con ellos haciendo cosas tan sencillas como ir a la montaña, cenar juntos en casa de un amigo, ver un partido de fútbol o una película, pasar unos días de vacaciones, celebrar juntos los cumpleaños y fiestas significativas como la Navidad, etc. En definitiva, el método es el mismo: compartir con ellos la vida, las necesidades, deseos y dificultades, y ofrecerles nuestra amistad para que, viéndose acompañados, puedan rehacer una vida sana y recuperen la esperanza y ganas de vivir.

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Lucía y Cabello con Santi en El Rastro