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Bocatas es un grupo de amigos (constituido como asociación) que se dedicada al acompañamiento de personas en exclusión social relacionadas con el mundo de la droga.

Nace en 1996 en torno a tres amigos universitarios a quienes un sacerdote con una sensibilidad especial por los pobres y marginados, propuso repartir bocadillos a las personas sin hogar de la zona de Azca (Madrid).

Posteriormente descubren el terrible mundo de la drogodependencia y empiezan a acudir semanalmente al poblado de Las Barranquillas (hasta 2006) y Valdemingómez (en la actualidad) a acompañar a los drogodependientes. Además de la ayuda in situ a los drogodependientes, Bocatas realiza un acompañamiento continuo a ex-drogodependientes rehabilitados y en proceso de reintegración, y también ofrece una compañía educativa para menores y jóvenes de etnia gitana de Valdemingómez.

Con el tiempo se han ido uniendo muchas más personas movidas por el atractivo que veían en aquellos que realizaban esta labor. A día de hoy en Bocatas hay unos sesenta voluntarios implicados (30 de ellos estudiantes) y varios exdrogodependientes rehabilitados. A pesar de la diversidad de todos los que forman Bocatas, nunca se ha perdido la esencia del inicio: una amistad.

El amor y la ternura hacia la persona en su totalidad, a sus deseos, su destino y su libertad, independiente de los errores cometidos, son el pilar fundamental de Bocatas.

El lema de Bocatas es “Pasión por el hombre”. ¡Qué sencillo! Pasión por el hombre; no pasión por su actitud, inteligencia o éxito. ¡Qué regalo es ser querido por el mero hecho de ser hombre, y no por aquello que hagas o dejes de hacer! ¿Quién no desea ser querido así?

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En un mundo en el que se te valora únicamente por tus éxitos y capacidades, y se te condena por tus limitaciones y errores, se ha introducido una novedad. Y para nosotros, donde esto se hace más evidente es en Bocatas: un lugar en el que nadie tiene que aparentar nada. El yonki no tiene que dejar de ser yonki, el gitano no tiene que dejar de ser gitano, y yo no tengo que dejar de lado mi mezquindad. Porque allí uno es querido por lo que es, independientemente de su condición y de lo que haya hecho.

Por esta novedad, Bocatas se ha convertido en un lugar en el que podemos ser ‘siempre libres’; en el que, poco a poco, aprendemos en qué consiste amar, y en el que percibimos una promesa de algo grande que es para siempre. Esto es lo que nos hace afirmar contundentemente que cada viernes, a pesar de hallarnos entre ‘basura material’ y ‘escoria humana’, aflora una belleza última que grita que la vida es un bien.

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«El leproso tiene derecho a ser curado, pero no tiene derecho al beso de San Francisco; y sin embargo tiene necesidad de ello», Cardenal Roger Etchegaray.

«Precisamente porque les queremos, descubrimos que no somos nosotros quienes les hacemos felices […]. Es Cristo quien les hace felices, porque es la razón de todo, quien lo hace todo, porque es Dios». Luigi Giussani, El sentido de la caritativa.

«En este lado florecían las injusticias, las mezquindades, la crueldad que en otras partes se silenciaban tan astutamente. Allí se podía amar a los seres humanos casi del mismo modo que los amaba Dios, conociendo lo peor: no se amaba una pose, un vestido bonito, un sentimiento artificiosamente exhibido». Graham Greene, El revés de la trama.

«Los bienes son limitados y deben repartirse de la manera más justa posible. El Bien, sin embargo, se puede repartir sin que sufra merma alguna», Rémi Brague.

El método es uno: la amistad

El método de Bocatas consiste en proponer e integrar a los drogodependientes y jóvenes de etnia gitana en la vida y amistad que ya tenemos para que, dentro de esta compañía, logren integrarse en la sociedad. La excepcionalidad de Bocatas es que, a diferencia de otras estructuras del sector social ya existentes, los voluntarios no tienen asignadas unas horas al margen de su vida, sino que los exdrogodependientes y jóvenes de etnia gitana son integrados en una relación.

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Esta forma concreta de concebir y acompañar a la persona nace de la amistad de quienes componemos la asociación. Lo que nos une no es un “voluntarismo premeditado”, sino un agradecimiento por la vida y una amistad que, precisamente, halla una de sus modalidades más potentes en esta entrega gratuita a los demás.

Es lo que llamamos ‘caritativa’. A Bocatas no vamos a realizar un voluntariado –aunque efectivamente damos nuestro tiempo y nuestro ser a otras personas de forma gratuita y voluntaria–, sino que vamos a Bocatas, a la caritativa, para aprender una determinada forma de vivir y de amar que corresponde con lo que verdaderamente deseamos. Entregándonos a nuestros amigos del poblado, más allá de la ayuda –siempre insuficiente– que nosotros podamos ofrecerles, aprendemos una forma de vivir.

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«Soy sólo un hombre, tengo necesidad de signos sensibles; construir escaleras de abstracción me cansa pronto. Suscita, por tanto, oh Dios, un hombre en cualquier lugar de la tierra; y permite que mirándole yo pueda admirarte a Ti», Milosz.

«Sigo yendo a la caritativa porque estáis vosotros, que sois la Iglesia, es decir, Cristo», (cit. Luigi Giussani, El sentido de la caritativa).

«Pero yo no quiero confort. Yo quiero a Dios, quiero la poesía, quiero el verdadero peligro, quiero la libertad, quiero la bondad, quiero el pecado», Aldous Huxley.